Relato por coni

 

Mientras escuchais la música podeis leer el relato más abajo.

Diapositiva1

Eran las 19:30 horas de una calurosa y húmeda tarde de julio, cuando por fin, Diego llegó a casa después de haber tenido un largo y estresante día de trabajo. Al abrir la puerta, lo primero que percibió al entrar fue un agradable aroma que él conocía muy bien, y que tenía grabado en el cerebro desde hacía mucho tiempo, era ese olor inconfundible a azahar que impregnaba toda la casa cada vez que Laura, con ganas de relajarse, se daba un baño. Inspiró profundamente y dibujando una media sonrisa se la imaginó. Empezó a notar como su mente y su cuerpo se iban relajando, dejando atrás todo un día agotador.
Tras cerrar la puerta, escuchó a Laura cantando desde la cocina, a la vez que sonaba de fondo una sensual canción de “Sade”, se encaminó hacia allí. Cuando la vio, la miró de arriba abajo y un ligero hormigueo le recorrió desde las sienes hasta su entrepierna. Tenía el cabello recogido por encima de la nuca y le caían dos mechones rizados por los lados de la frente. Solo llevaba puesta una de las camisas de seda blanca de Diego. Le encantaba ponerse esa camisa en especial para estar en casa, decía que le gustaba sentir el tacto suave y ligero en su cuerpo. A él, para ser sinceros, le volvía loco mirarla de reojo cuando ella estaba a contraluz insinuándose toda su silueta, desde los pechos, bajando por la cintura hasta las caderas. Diego sabía que no llevaba sujetador, nunca lo utilizaba cuando estaba en casa. Bajó la vista y vio que llevaba esas pequeñas braguitas blancas de gasa transparente que no ocultaban nada de lo que cubrían, con unos lazos de raso a cada lado, y que en otras ocasiones él había tirado lentamente para deshacerlos. Llevaba calzadas unas manoletinas de seda color celeste, de las que usan las bailarinas, pero sin puntas.
Laura estaba preparando una masa mientras cantaba. Él no quiso advertirla de que estaba allí, deseaba contemplarla durante unos segundos más, viendo con que gracia sus manos y su cuerpo se movían a medida que iba amasando, pero ella levantó la vista y le vio de pie, inmóvil, observándola, con las manos en los bolsillos. Se le iluminó la cara al verle y con una amplia sonrisa, le dijo:
—¡Hola mi vida! No te he oído llegar, ¿Llevas mucho tiempo ahí?
—El necesario para deleitarme mientras te miraba, princesa—contestó él.
En ese instante ella le miró fijamente a los ojos, con ese brillo especial que siempre tenía en su mirada. Durante un escaso tiempo que pareció una eternidad, se quedaron mirando mutuamente sin decirse nada, con las miradas se lo estaban diciendo todo.
Diego empezó a sacarse de los bolsillos las llaves del coche, de casa, el móvil y fue dejando todo en la encimera. A Laura le encantaba como iba vestido. Llevaba una camisa blanca de lino con las mangas arremangadas un poco por encima de las muñecas. Los pantalones negros, también de lino, le sentaban de maravilla con esa caída que tenía la tela. Se había puesto a juego con el cinturón, los zapatos negros de diseño italiano, esos que tanto le gustaban y que siempre llevaba tan limpios, era tremendamente meticuloso con el calzado.
—Esta tarde estás especialmente atractivo—dijo ella.
Laura estaba esperando a que Diego se le acercase para besarla, pero se quedó sorprendida cuando vio que en vez de ir hacia ella, se quitaba los zapatos y los calcetines. Empezó a desabrocharse el cinturón y sin dejar de mirarla, continuó quitándose los pantalones dejándolos encima de una silla. Se desabrochó muy lentamente botón a botón la camisa hasta quedarse con el torso desnudo. Qué bien le quedaba el bóxer negro que llevaba, pensó Laura.
Antes de acercarse a ella, le preguntó mientras se lavaba las manos:
—¿Qué estás haciendo?
—Estoy preparando un pan con nueces y pasas, como a ti te gusta.
—¡Ummm…estupendo! Pero veo que esa masa necesita otras dos manos más para que quede con una buena textura.
—Estaría bien que me ayudases, mis manos te lo agradecerán—contestó ella.
—No sólo tus manos quedarán agradecidas cuando hayamos terminado—dijo él.
En ese instante los dos, con miradas cómplices se echaron a reír.
—¿Cómo te ha ido el día?—preguntó Laura.
—Agotador, estaba deseando llegar a casa para relajarme. Y tú, ¿has pasado un buen día?
—Sí, ha sido un día tranquilo…hasta ahora—contestó con una sonrisa torcida y picarona—Después de ducharte, te haré un masaje para que puedas relajarte y compensar ese día tan duro que has tenido.
—Te lo agradezco cielo, verdaderamente lo necesito. Sabes que tus manos me dan la vida.
Diego se acercó a Laura. Mientras le pasaba el brazo por detrás de la cintura, con la otra mano le acariciaba el cuello. La atrajo hacia él sin dejar especio libre entre ambos ombligos, y la besó. Ella tenía los labios entreabiertos y él, sin hacerle daño, le mordisqueó el labio inferior hasta llevarse un hilito de saliva que mojó su boca. Diego se relamió para saborear ese líquido que tanto le gustaba, sólo había un fluido de ella que le pareciese aún más sabroso. Él notó como los pechos de Laura se despertaban y mientras sus pezones le rozaban cosquilleando su torso, pensó que estaba especialmente receptiva, la deseó tanto que la hubiese penetrado en ese preciso instante, así que, cerró los ojos e inspiró hondo. Él sabía que el juego acababa de comenzar.
—Ahora, vamos a moldear esa masa. Dime qué tengo que hacer, soy tu aprendiz—dijo Diego guiñándole el ojo.
—Colócate detrás de mí y dame tus manos—le contestó.
Él, obediente se colocó detrás de ella y le pasó los brazos por los lados. Laura le cogió las manos, le espolvoreó un poco de harina y ambos las metieron en la masa. Estaban tan pegados que parecían un único cuerpo. Empezaron a moverse hacia delante y hacia atrás, con movimientos suaves y acompasados, a la vez que iban amasando. Diego notó una sensación agradable en sus manos, le gustaba el tacto de la masa entre los dedos y esa sensación cuando la apretaba.
Él tenía la nariz metida entre los cabellos de Laura, casi rozándole la oreja con los labios.
—Ummm…cómo me gusta el olor de tu cabello—le dijo lentamente al oído.
—Y tú, sabes que me despiertas la piel cada vez que me susurras con esa voz tranquila, seria y melancólica que tienes—contestó ella.
Mientras continuaban con esos movimientos que cada vez iban siendo más sensuales y acalorados, Diego empezó a lamerle muy lentamente el contorno de la oreja, le introdujo la punta de la lengua haciendo unos pequeños movimientos circulares y cuando llegó al lóbulo, se lo mordisqueó tirando de él suavemente. Él empezó a sentir como los testículos se le llenaban de testosterona y el pene se le ponía erecto hasta el punto de molestarle el roce del calzoncillo.
Laura al sentir en la oreja el cálido aliento, y esa sensación que le producía la lengua y los dientes de él, empezó a recorrerle un cosquilleo desde las sienes hasta su entrepierna. Tenía los pechos muy excitados, con unas ganas irresistibles de ser acariciados por esas manos que amasaban junto a las de ella. Al sentir en sus nalgas el pene de Diego hinchado y duro como una piedra, un escalofrío le hizo estremecer todo el cuerpo y empezó a notar que sus bragas se iban empapando. Ella movía las caderas haciendo círculos de tal manera que, cada vez que presionaba sus nalgas contra el pene, más ganas tenía él de follársela.
Los dos dejaron de amasar a la vez. Laura, tomo las manos de Diego y las metió dentro del bol lleno de agua que había preparado encima de la mesa, se las lavó igual que hizo con las suyas. Sin secárselas, él empezó a desabrocharle la camisa botón a botón hasta dejársela abierta mientras le iba besando en el cuello, pasando la lengua desde la parte de atrás de la oreja hasta llegar al hombro, y volviendo a subir de nuevo, sabía que eso la excitaba. Aún con las manos mojadas, le apretó ligeramente los pechos hasta juntárselos, a la vez que con la yema de los dedos índice y corazón iba acariciando los pezones, estaban tan encendidos que era imposible tenerlos más duros. A Laura cada vez se le iba acelerando más el pulso y la respiración, tenía una mano apoyada en la mesa, con la otra frotaba el pene de Diego por encima del calzoncillo, notando como por la parte de arriba le empezaba a asomar el fresón, como ella le llamaba. Mientras le acariciaba ligeramente el agujerito del glande con el pulgar, notó como le iba saliendo el líquido preseminal y empezó a mojarle todo el glande con el dedo. Él no podía soportar más el bombeo que sentía en todo el pene, así que le apartó la mano y se la llevó hasta la mesa.
Diego metió una pierna entre las piernas de Laura y con el pie fue abriéndolas ligeramente. Ella se quedó quieta, con las manos apoyadas en el borde de la mesa. Él pasó la mano por debajo de las nalgas y empezó a acariciarle la entrepierna, notando la humedad en sus bragas.
—Amor, me estoy poniendo cardiaco sólo de pensar lo mojado que tienes el coño—le dijo.
—Ufff…cómo quieres que esté, si está deseándote desde hace rato—le contestó.
Diego sin esperar más, le ladeo las bragas con una mano y con la otra, le introdujo el dedo corazón hasta el fondo. Sin sacarlo, empezó a moverlo haciendo círculos.
—Estás ardiendo por dentro.
—¡Oh, qué gusto…sigue!—contestó Laura respirando cada vez más intensamente.
Diego empezó a sacarlo y a meterlo cada vez más rápido mientras le mordía suavemente la clavícula. Ella estaba tan mojada y excitada que le metió también el dedo índice. Continuó masturbándola mientras la escuchaba gemir y la veía moverse de placer.
Laura le cogió la mano y le hizo parar. Él saco los dedos. Ella se dio la vuelta y Diego, mirándola a los ojos, se los metió en la boca completamente empapados, saboreando ese líquido que tanto le gustaba.
—Ummm…tu flujo me sabe a puro néctar—dijo sin dejar de lamerse.
—Eres un guarro canalla, contestó sonriendo, pero me encanta cuando sacas esa vena de vicio que tienes.
En ese instante, los dos se abrazaron y empezaron a comerse la boca, ya no habían besos posibles, sólo unas ganas locas de beberse mutuamente, de mezclar sus salivas junto al flujo de ella. Las lenguas cálidas, resbaladizas iban retorciéndose la una con la otra, metiéndolas hasta el fondo, y los labios imposible de despegarse. Se quitaron las camisas mutuamente y las dejaron caer. Él la cogió por las nalgas, apretándola y frotándose contra ella de gusto que sentía en el pene. Ella le sujetaba la cabeza mientras le metía los dedos entre el cabello, sintiendo un cosquilleo en la entrepierna al notar el abultado pene bajo su ombligo.
Laura llevó su boca hacia la oreja de Diego, jugó con su lengua y le mordisqueó el lóbulo. Él sentía un cosquilleo desde el cuello hasta recorrerle toda la columna. Entonces ella le susurró al oído:
—Ahora me toca a mí jugar un ratito. Ummm…te voy a comer la polla hasta verte retorcer de placer.
A Diego, le entró un escalofrío y se puso tenso.
Laura fue bajando poco a poco mientras recorría besando y lamiendo desde el cuello hasta el ombligo. A medida que iba bajando le iba deslizando el bóxer. Notó como a Diego se le ponían duros los pezones y se entretuvo unos instantes pasando la punta de la lengua de uno a otro. Cuando llegó al ombligo, le quitó el calzoncillo. Fue deslizándose hasta que su boca quedó a escasos dos centímetros del pene, notando como este, ligeramente inclinado hacia la izquierda, bombeaba con unos pequeños movimientos. Laura sabía lo que más estaba deseando él en ese momento, que se lo metiera ya de una vez en la boca, pero ella miró hacia arriba, le miró a los ojos y lo único que hizo fue echarle el aliento cálido en el glande sin tan siquiera rozarle.
—Qué cruel eres, me estás matando, ¿Lo sabes verdad?—dijo Diego.
—Lo sé, y sé que te mueres de ganas de que te haga una buena mamada, pero tendrás que seguir sufriendo un poquito más—contestó ella.
Laura, con las manos en los tobillos de él, le fue abriendo las piernas a la vez que iba pasando lentamente su mejilla por todo el pene, hasta llegar con la boca a los testículos. Los acarició con una mano, mientras iba pasando la lengua de uno a otro, lamiéndolos, rozándolos con los labios y metiéndoselos en la boca. A Diego empezaron a temblarle las piernas de gusto, así que, cogió el taburete que tenía al lado y se sentó. Laura se puso de rodillas y se metió entre las piernas abiertas de él, Con una mano acariciando los testículos y la otra cogiendo el pene, empezó a lamerle el glande con la punta de la lengua, haciendo círculos alrededor del agujerito hasta cubrirlo entero, y lamiendo el frenillo le dijo:
—Me encanta tu polla. Lamerla, comerla, sentirla ardiendo dentro de mi boca.
Diego, fue incapaz de articular palabra, solo respiraba profundamente mientras se le erizaba la piel. Apoyó la espalda en la pared y cerró los ojos.
Después de jugar un rato con el glande, apretando los labios empezó a meterse y a sacarse el pene hasta la mitad, lentamente, continuando casi hasta el final, saboreando y disfrutando del momento, llenándolo de saliva. Él empezó a jadear, y sujetando la cabeza de Laura entre sus manos, empezó a acompañarle en los movimientos para que fuese aumentando la velocidad. Cuanto más jadeaba, más rápido chupaba y succionaba ella. Hasta que él, temblando y a punto de estallar, le dijo:
—Ufff… ¡Para, para…condenada! No sigas que estoy a punto de correrme.
—Quiero beberme toda tu leche, así que no pienses que voy a parar.
Continuó con los movimientos cada vez más rápidos, presionando un poco más los labios y la lengua para que él sintiera aún más su boca caliente y mojada a la vez que le iba masturbando con la mano, hasta que Diego fue incapaz de soportar más tiempo y explotó.
—¡Aquí tienes toda mi leche!—dijo gimiendo.
Ella se sacó el pene de la boca, el primer chorro de semen le mojó los labios, la barbilla, las mejillas. Volvió a metérselo y con movimientos muchos más suaves y delicados, acabó por beberse el resto. Terminó lamiendo el glande y pasándose la lengua por los labios. Diego se quedó durante unos segundos inmóvil, sin fuerzas, pero a Laura no le importaba, sabía perfectamente que después habría otra corrida y que esta vez aguantaría más. Además, sabía que de esta manera, ya relajado, se entretendría más tiempo en lo que aún estaba por llegar. Y pensando en ello, le miró a los ojos con una maliciosa sonrisa. Él se echó hacia delante y le pasó las manos por el cuello, se fundieron en un largo beso, esta vez algo más calmado pero igualmente intenso. Se pusieron de pie, Diego la cogió en volandas, le puso los brazos por debajo de sus piernas y las manos cogiéndole las nalgas. Ella, le rodeaba con las piernas abiertas hasta enlazarse en su espalda. Ambos no dejaron de besarse, de comerse los labios, de empaparse las bocas mutuamente de saliva intentando apagar las lenguas de fuego mientras notaban el cálido aliento del otro.
Diego se acercó a la mesa y la sentó en ella. De pie entre sus piernas, retiró de una pasada con el brazo todo lo que había encima. Le quitó la aguja japonesa que le sujetaba el cabello y dejó caer por la espalda toda la melena. La echó un poco hacia atrás, empezó a besarle y a lamerle el cuello, sin dejar de acariciar sus pechos. Laura sentía como la lengua le iba quemando cada centímetro de su piel a medida que él iba bajando. Cuando llegó hasta los pechos, con la punta de la lengua empezó a hacer círculos alrededor de los pezones al tiempo que los masajeaba, jugó con ellos en su boca durante un rato hasta que los dejó empapados de saliva, continuó bajando hasta el ombligo sin dejar de besar y lamer durante todo el recorrido mientras que ella se tumbaba en la mesa. Sus manos iban deslizándose y acariciándole por los costados, Laura no podía evitar moverse por el cosquilleo que sentía, una de las zonas más sensibles que tenía, era la que iba desde las axilas bajando hasta la cintura. Fue bajando sin separar la lengua de la piel hasta llegar al borde de las bragas, a partir de ahí, dejo de lamer y se incorporó. Laura levantó la cabeza, se lo quedó mirando con ojos dilatados y suplicantes, preguntándole con la mirada que porque había parado, rogándole sin pronunciar palabra que continuase, respiraba tan agitada y acalorada que no pudo decir nada. Él, con un brillo de malicia en los ojos le dijo:
—¿Acaso se te hace tarde? ¿Te esperan en alguna parte? Pues ahora te toca a ti sufrir de deseo.
—¡Cabrón!—le contestó—y él se echó a reír con una amplia carcajada.
De fondo, seguían escuchando un sensual saxo acompañado de unas notas de piano.
Diego la cogió por las caderas y tiró de ella hasta que las nalgas quedaron al borde de la mesa. Le subió la pierna derecha, la descalzó y se la apoyó en su hombro e hizo lo mismo con la izquierda. Sujetó con el índice y el pulgar uno de los extremos de cada lazada de las bragas y fue tirando muy lentamente hasta que quedaron abiertas completamente destapando lo poco que cubrían. Las soltó, quedando colgadas en la mesa sin caerse al suelo. Pasó las manos por detrás de las rodillas y le abrió las piernas echándoselas un poco hacia arriba hasta dejar su entrepierna abierta. Miró hacia abajo y al ver que se había depilado completamente como a él tanto le gustaba, empezó a sentir como su pene cobraba vida de nuevo pensando en las ganas que tenía de metérsela y sentir el calor de su sexo. Se acercó más y con el glande fue rozándola, sin penetrarla. No aguantó mucho tiempo así, tenía unas ganas locas de empujar hacia dentro, así que respiró profundamente y apartó su pene de ella.
Se sentó de nuevo en el taburete contemplando el delicioso y jugoso manjar que iba a saborear en esos momentos. Laura se mantenía con las piernas abiertas, con un deseo insoportable de sentir la lengua, los labios y el aliento cálido de él en su sexo. Las yemas de los dedos fueron acariciando muy lentamente ambas piernas, desde las corvas hasta llegar a las nalgas. Con la lengua fue lamiendo las ingles y después, le rozó los labios de arriba abajo con la punta de la nariz, inhalando ese olor que hacía despertar su lado más primitivo. Sin esperar más empezó a lamer, a llenarle de saliva. Disfrutaba comiéndoselo cuando estaba todo depilado, excitándole el suave tacto que sentía en la boca. Apoyó las palmas de las manos en las nalgas y con los pulgares le abrió los labios, le gustaba ese color rosáceo, lo brillante y lubricado que lo tenía. Con la punta de la lengua fue lamiendo por un lado y por el otro, la introdujo entera y empezó a moverla sin sacarla. Laura tenía la sensación como si le estuviese morreando el sexo.
—Ummm…qué coño más apetitoso y deseable tienes—dijo sin separarse más de un centímetro.
Laura estaba disfrutando tanto que fue incapaz de decir nada, solo le salían unos pequeños gemidos de tanto gusto que sentía. Diego bajó lentamente hasta llegar al ano y continuó lamiendo, tenía que estimularlo bien pues su intención era correrse en él esta segunda vez. Ella sabía qué significaba aquello, sentir una mezcla entre dolor soportable y placer intenso. Pensar en eso la excitó aún más y se dejó hacer.
Él regresó esta vez sí, en busca del clítoris, con ganas de beberse y nutrirse de la savia de Laura. Comenzó a lamer con la punta de la lengua, arriba y abajo, haciendo círculos, hasta motivarlo a salir. Muy delicadamente empezó a succionar, notando como el clítoris cada vez se iba endureciendo más, sabía que estaba a punto de correrse por sus movimientos y su agitada respiración. En ese instante, Laura no soportó más y estalló en un orgasmo entre jadeos, espasmos incontrolados y temblores de piernas. Diego, sin dejar de lamer, veía y notaba como se hinchaban los labios y se dilataba para dejar paso al fluido viscoso y transparente que él estaba deseando beberse. Sacó toda la lengua y de una sola pasada desde el ano hasta el clítoris, se llevó todo el flujo saboreándolo en la boca antes de tragárselo.
—¡Fóllame Ahora! —suplicó—Estoy deseando sentir tu polla bien dentro—A Laura era cuando más le gustaba que la penetrase, recién llegada al éxtasis.
Diego, loco por ver como ella se estremecía de placer, y en un arrebato de instinto primario, se levantó y sin esperar más, le pasó los brazos por detrás de las rodillas y la penetró hasta el fondo con un movimiento seco. Sintió lo caliente que estaba por dentro y se recreó un instante cerrando los ojos, sin moverse. Ella presionaba el pene con las paredes de la vagina mientras realizaba lentos y pequeños círculos con la pelvis, a Diego se le hacía irresistible cada vez que Laura se contraía y se movía así.
—Me haces polvo cada vez que tu coño aprieta mi polla de esa manera—le dijo.
La sujetó de las caderas y empezó a moverse frotándose con cortos movimientos de lado a lado sin sacar el pene ni un centímetro de ella. Continuó con movimientos lentos, profundos y golpes secos de pelvis, entrando y saliendo de Laura hasta ir aumentando cada vez más la velocidad. Ella sentía como el pene llenaba todos los rincones de su vagina y le provocaba mucho gusto. Aún tenía el clítoris tan dilatado y sensible que con cada roce le producía un ligero pinchazo de placer. Él miraba como los pechos de Laura se movían en sincronía a las embestidas y eso le incitaba a aumentar el ritmo. Los dos estaban tan excitados, que las respiraciones eran cada vez más profundas y los gemidos más sentidos.
Diego notaba que no le quedaba mucho tiempo antes de correrse, así que sacó el pene y buscó suavemente el ano mientras se miraban a los ojos con las pupilas dilatadas. Ella le suplicaba con la mirada que la penetrase despacio, diciéndole sin hablar, que se dejaba llevar confiada. Él le trasmitía seguridad y tranquilidad con la mirada, así que Laura se relajó dando facilidad al pene para ir penetrando lentamente. Diego sabía que la primera parte era la más delicada, al menos hasta que el glande estuviese dentro del todo. Cuando estaba a la mitad, ella le dijo:
—Ufff…¡Para, para…! ¡Espera un poco sin moverte!
Diego se quedó inmóvil, sintiendo un bombeo y una hinchazón en el pene que se le hacía irresistible. Además, sentía mucho placer dentro del ano, notaba más presión que en la vagina y eso le ponía cardiaco. Pensó cómo relajar a Laura, así que sin moverse, le levantó la pierna y con la lengua empezó a jugar con el pie, a meterse dedo por dedo dentro de la boca, a pasar la lengua entre ellos llenándoselos de saliva. La conocía tanto que, sabía perfectamente que el pie era la segunda zona más erógena de Laura y que le producía una gran excitación. Así que, continuó lamiendo y mordisqueando suavemente los dedos hasta notar como el ano se iba relajando y dilatando lo suficiente para continuar con la penetración. Sin dejar de lamerle el pie y chuparle los dedos comenzó a mover la pelvis, primero suavemente, entrando y saliendo sin sacar del todo el pene. Empezaba a notar como Laura disfrutaba así que aumentó la velocidad de los movimientos cada vez más. Los dos jadeaban de gusto y de excitación, hasta que Diego sin resistir más la presión que sentía en el pene, se corrió dentro de ella, llenándola de semen. Ambos se quedaron inmóviles durante un momento, respirando profundamente, los cuerpos sudorosos del ambiente tan caliente que había en la cocina, extasiados de tantas sensaciones y con todos los sentidos a flor de piel.
Diego salió lentamente de dentro de ella. Laura se incorporó despacio, se puso de pie y ambos se miraron a los ojos. Sabían comunicarse tanto con las miradas de complicidad, que muchas veces les sobraban las palabras. Se besaron cálidamente, se acariciaron de una manera ya relajada y se fundieron en un abrazo.
Después de permanecer un rato abrazados, los dos miraron a su alrededor con los ojos como platos, viendo como había quedado todo de harina, de agua, la masa tirada en el suelo, las nueces y las pasas esparcidas por encima de la mesa, sus cuerpos rebozados entre el sudor y la harina. Sorprendidos volvieron a mirarse y se echaron a reír con amplias carcajadas sin poder parar. Hasta ese momento, no fueron conscientes de la que habían liado en la cocina.
—Tú y yo no podríamos tener un horno de pan, sería nuestra ruina—dijo Laura entre risas.
—Oye, pues a mí me ha gustado la clase práctica de cómo hacer pan. Si llego a saber antes cuáles eran los métodos que empleabas, ahora sería todo un experto en masas—contestó serio, Diego. Y se echaron a reír de nuevo.
—¿Te apetece que nos demos un baño juntos? Qué bien nos lo hemos ganado—dijo él.
—¡Claro, vamos!—contestó ella.
Ella se giró y él la siguió. La miró por detrás, de arriba abajo. Sonrió a la vez que le quitaba una pasa que llevaba enganchada en la nalga izquierda, se la llevó a la boca y se la comió mientras pensaba en cómo le ponía el culo de Laura.
Salieron de la cocina y cerrando la puerta, dejaron atrás “el olor a sexo recién hecho”.

Avatar

Acerca de Clarola

Gestora de contenido web
Marcar el enlace permanente.

8 comentarios

  1. Uff que experiencia escucharlo de mano de Hechicero, lo dicho la harina para mi ya la veré como antes…xD
    un 10 claro.

  2. Buenas tardes!!

    Ha sido toda una sorpresa para mí ver que el relato está teniendo buena aceptación. Os agradezco a tod@s vuestros comentarios, tanto por aquí como en el correo electrónico. Con estos ánimos que me habéis transmitido, igual me atrevo a escribir algo más, ya se verá jejeje…
    orion, Clementina, clarola, Hechicero Loco, Liante y tod@s los demás, ¡Sois geniales!

    Un beso enorme 🙂 

  3. Coni Corin Tellado.

    Menudo relato erótico te has marcado ,hasta Silvia kristel “emmanuelle” se ha caído del sillón de mimbre.
    Una historia bien redactada y muy fácil de visualizar,he puesto un extintor junto al PC.
    Yo te pongo un 9,75 (mejor nota que Orion y Hechicero)”asi les chincho un poco” jajajaja.
    A ver cuando llega la segunda parte,el olor a ambientador en el recibidor.
    Un besazo coni ,te ha quedado niquelado.

  4. Avatar
    Hechicero_Loco

    Uffff Coni ummmmhhhhhhhh mamma míaaaaa jejeje.
    Eso sí,has hecho trampa joia… Vamos a ver, tenías que haberlo hecho relatado con tu voz joia… anda que ya te vale jajajaja.
    Un muaksssssssssssssssssssssssssssssssss enorme por lo bien relatado y por ummhhhh pervertir mis pensamientos jejeje.
    Ea… yo para ser .ás que _Orion te pongo un 9,50 jejeje.
    Gracias por habernos llevado al rincón de ese jejej horno calentito.

  5. Coni, mis felicitaciones!!!.
    Buenísimo relato, si señor!!!.
    Un Sobresaliente!!!. (10)
    Has tenido un gusto exquisito al relatarlo y a la hora de buscar los temas de fondo.

  6. Coni, coincido con Orión : ), genial tu narración!.

    Conseguiste que visualizara todo tu relato. Un relato muy erótico y escrito con gusto fino y delicado, sabiendo introducir palabras fuertes en momentos muy concretos, haciendo crecer la excitación al lector, además de hacernos disfrutar de buena música mientras leíamos… no se puede pedir más… o sí?, quizá un pan cocido y bien crujiente ehhh so’brujilla!?, pq nos diste de todo, menos el pan : P.

    Enhorabuena Coni, te llevas mi 9,5.

  7. Coni genial el relato, pensaba que namas podría poner esta cara :O , pero aun me veo capaz de aportar algo más jajajajajaja. Yo te pongo un 9, escribes genial 🙂 , y los detalles…aun siendo picantes con gusto. Ya tenia ganas de leer algo tuyo y es un placer 🙂

  8. Uf….que actividad….definitivamente no puedo seguirte…….

Deja una respuesta