Prisas, prisas, prisas…

… y es que ya lo decían nuestros mayores: “Las prisas son malas consejeras”.

Y no sabemos hoy en día cuanta razón tenían.

Gracias al estilo de vida que llevamos (y muchas veces nos imponen), nunca antes hemos tenido tanto stress, ni tampoco hemos consumido tantos ansiolíticos (hasta hace poco no sabíamos ni que eran).

Creo, que deberíamos de volver un poco a la época en la que eramos niños. Aquella en la que jugábamos en la calle, en lugar de estar dependiendo de unas maquinitas. Aquellas en la que estar localizado era que te llamaran los amigos al timbre, o tus padres por la ventana, para que subieras a por el bocadillo.

Aquella en la que los teléfonos móviles no existían. Aquella en la que las prisas y las urgencias estaban reservadas únicamente a lo verdaderamente urgente.

Hoy en cambio le damos urgencia a contestar un whatsapp (pa que el/la otr@ no se sienta mal porque se tarda en contestar), en lugar de mirar por la calle que estamos cruzando y hay tráfico. O le damos urgencia a algo que tiene que estar listo para dentro de una semana.

Realmente desconocemos (y me incluyo), los efectos de esas prisas… ese estrés mal utilizado del que hacemos uso. Y digo mal utilizado, porque el estrés en si, es bueno. O al menos es lo que han hecho que nuestros antepasados salvaran la vida ante depredadores. El estrés es lo que hace que ante una situación de riesgo real, sea la diferencia entre la vida y la muerte.

prisas

Hasta el coche nos mete prisas!!!!

 

El problema es que lo usamos cuando nos mete prisa el jefe, o cuando nuestra pareja “necesita” algo para “ya”, o cuando simplemente apuramos porque tenemos que hacer tal o cual cosa.

Con el estrés se libera adrenalina (entre otras hormonas), que hacen que puedas aprovechar mas el oxigeno que entra en el cuerpo, que puedas correr más rápido, que seas más fuerte o que puedas pensar más rápido o mejor, se reducen la actividad intestinal para poder aprovechar mejor la sangre disponible.
Cuando el estrés es continuo… o demasiado repetitivo en un espacio prolongado en el tiempo, es cuando aparecen los síntomas físicos, como el insomnio, cansancio o úlceras, entre otras…

 

Es por ello, que creo que deberíamos volver todos los días un ratito a nuestra niñez, para hacer lo que realmente nos gusta, y olvidarnos de las prisas, dedicarnos a nuestros hobbies un ratico, olvidarnos de los problemas (total… van a estar ahí cuando volvamos a ellos) y darle importancia a lo que realmente lo tiene. No tomarnos la vida tan en serio (No se de quien es esta cita, pero le doy toda la razón “No te tomes la vida tan en serio, al final, no saldrás vivo de ella”). Tomarnos nuestro tiempo para nosotros y los nuestros. Tiempo para amar, compartir, reir, llorar, cantar, saltar, comer y beber, disfrutar… pero sin prisa.

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