Revista National Geographic

Los lugareños los llaman “baobabs”, aunque los científicos modernos los nombraron “Adansonia”, en honor del joven explorador francés, Michel Adanson que en 1749 fue el primer hombre blanco que los vio.

Cuando un elefante sediento ve un baobab, lo que ve es una botella de agua, grande y gorda. El tronco del baobab puede almacenar hasta 100,000 litros, o 26,000 galones, incluso en condiciones de grave sequía. El agua se concentra en el centro esponjoso del tronco, y no desarrolla grandes ramas, de suerte que cuando las hojas caen, lo que queda es el interior húmedo y masticable.

El elefante se acerca al árbol, quita la corteza, abre un agujero, y empieza a arrancar las entrañas mojadas y esponjosas. Imagina que estás mordiendo una sandía. Es lo que obtiene el elefante cuando arranca, perfora, y mastica un baobab. (Foto: ArCaLu/Shutterstock)

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